En la pequeña isla podemos encontrar numerosos resort y centros de buceo que constituyen la principal actividad de la misma. Algunas pequeñas tiendas y numerosos resturantes completan un escenario que está enfocado al turista buceador.
Una singularidad de Malapascua es que "no es necesario" el uso de despertador, ya que los numerosos gallos que pueblan la isla se encargan de realizar esa tarea, obviamente a la hora que ellos consideran adecuada, impidiendo en ocasiones el correcto descanso por los numerosos y desacompasados "cacareos" que pueden repartirse a lo largo de la noche.
La cantidad de gallos que enocntramos en la isla se debe principalmente a razones culturales y económicas, ya que son utilizados en las llamadas sabong, peleas de gallos, que en Filipinas están permitidas, constituyendo esta práctica una tradición legal, histórica y profundamente arraigada. Por ello en casi todos los hogares de Malapascua, podemos encontrar uno o varios gallos de pelea candidatos a amenizar las noches.
"Acababa de amanecer cuando el bangka deslizaba suavemente sus patines sobre las tranquilas aguas del mar de Bisayas, rumbo a Monad Shoal. La brisa traía el característico olor salado del océano y un rumor lejano de olas rompiendo contra arrecifes invisibles".
Así podía comenzar un día en el paraiso del zorro, un tiburón que habitualmente es bastante esquivo, por ello Malapascua es tan famosa siendo sin duda el mejor sitio del mundo para poder verle con garantia, de una forma muy relajada y con encuentros muy cercanos e intensos debido a la curiosidad que demuestran con los buceadores en este punto de inmersión.
La razones de estas favorables circunstancias para el contacto con los tiburones, están en la singularidad de Monad Shoal, una meseta submarina próxima a la isla de Malapascua que opera como estación de limpieza donde se "adecentan" los numerosos tiburones zorro que ascienden desde mas de doscientos metros de profundidad y, donde gracias a esta singular circunstancia, los fantásticos encuentros están garantizados.
Las inmersiones resultan sencillas ya que se permanece en la plataforma y en el borde de la misma donde comienza el cortado esperando a que aparezcan los tiburones (hembras en su gran mayoría) que suben desde el fondo para someterse a labores de higiene personal de las que se encargan cientos de peces limpiadores que esperan pacientemente la asistencia de sus clientas.
No hay feeding y la presencia de las tiburonas es natural, además están acostumbradas a la presencia de los buceadores, demostrando curiosidad lo que provocava acercamientos e interacciones tranquilas y relajadas pero muy emocionantes.
La curiosidad de que la comunidad esté integrada casi exclusivamente por hembras no tiene una explicación, y es algo que sorprende tanto a buceadores como a científicos. Aunque se barajan razones como que Monad Shoal podría ser utilizado por las hembras como áreas de descanso o preparación para la
reproducción o que se debe a una segregación sexual natural, la verdad es que es un misterio que hace más especial si cabe a Malapascua.
Aunque el buceo se complementa con otras buenas inmersiones, como las que se pueden hacer en Gato Island, la estrella sin duda alguna es el tiburón zorro.
En mi visita a Malapascua, el océano me susurró una historia, la de Luna y León y no puedo evitar contártela...