De esta cápsula puedo decir que, biológicamente, los integrantes comparten con los
tiburones la clase (Condrictios), la subclase (Elasmobranquios) y, en algunas
especies, incluso el estilo y la personalidad a la hora de desplazarse en el
agua, algo que sin duda les viene de familia.
Pero las rayas tienen algo especial. Algo que flota entre la
elegancia y el misterio. Cuando nadan, no avanzan: planean. No cortan el agua:
la acarician.
Y en ese movimiento tan suyo, tan hipnótico, hay una belleza que no
siempre se deja fotografiar, pero que deja huella.
Verlas aparecer, rozando apenas el fondo o ascendiendo hacia la
superficie, es como ver alas moviéndose bajo el mar.
Las hay enormes, tímidas, eléctricas, moteadas, solitarias o en
grupo. Y todas, de algún modo, se ganan su sitio en esta cápsula por méritos
propios.