El hecho de que yo piense que el buceo no sea una actividad
peligrosa, no significa que el océano no tenga especies que sí lo sean.
Y no me refiero solo a los tiburones, siempre rodeados de un halo de
dramatismo provocado en gran medida por el cine y la falta de información.
En cualquier caso, y reconociendo su potencial peligro, no los
encontrarás en esta cápsula. Por su importancia en el equilibrio de los océanos —y por mi
profunda admiración hacia ellos—, los tiburones tienen reservado su propio
santuario en OCEON.
Pero más allá de los escualos, he tenido la oportunidad de compartir
azul con otras especies menos conocidas para el gran público, pero ante las que
conviene mantener una precaución aún mayor.
Algunas pueden ponerte en apuros —o incluso acabar con tu vida— con
más facilidad de la que imaginas, especialmente porque su belleza puede ser tan
llamativa como engañosa.
Esta cápsula recoge imágenes de esas criaturas que, a pesar de su
apariencia fascinante, conviene observar con respeto… y con cierta distancia.
Porque en el mar, lo más peligroso no siempre tiene mala cara.
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