
MAR ROJO
El Mar Rojo aparece en los mapas como una franja estrecha entre continentes, pero cuando te sumerges en él entiendes que no es un mar: es un paisaje entero. Baña las costas de Egipto, Israel, Jordania, Arabia Saudita, Sudán, Eritrea, Yemen y Yibuti, y se extiende a lo largo de unos 2.200 kilómetros. Tiene detalles geográficos rotundos —un ancho máximo de 335 km y profundidades que superan los 2.000 metros—, pero ninguna cifra explica por qué aquí el azul parece tener vida propia.
Para un buceador, el Mar Rojo es casi un regalo: un destino potente, variado y sorprendentemente accesible. Desde el golfo de Aqaba hasta el de Adén, las posibilidades son casi infinitas: arrecifes luminosos y tranquilos, paredes que se hunden en la oscuridad, cañones que parecen respirar, pecios que obligan al silencio y esos encuentros que, a veces, te cambian el día. La temperatura, la visibilidad, las opciones de hotel o vida a bordo… todo juega a favor. Es ese tipo de lugar que siempre te ofrece algo, incluso cuando tú vas buscando más que una inmersión.
Su vida marina es enorme en cantidad y en matices. Más de 300 especies de coral, miles de invertebrados, más de 1.000 especies de peces tropicales, mantas que se mueven sin prisa, tortugas que viajan a su ritmo y delfines que aparecen cuando quieren. Y luego están los tiburones: treinta especies certificadas, desde puntas negras y grises hasta martillos, oceánicos, makos, tigres e incluso el enorme ballena. En determinadas zonas e inmersiones, las posibilidades de verlos son realmente altas, lo que convierte cada encuentro en un aliciente extra para los que disfrutamos especialmente con ellos.
El "dónde" aquí es un abanico enorme: Aqaba, Sharm el Sheij, Dahab, Brothers, Daedalus, Elphinstone, St. John's y Sudán. Cada zona tiene su carácter y su manera de contarte una historia distinta bajo el agua. Además, desde España, la combinación de vuelos razonables, buen precio, calidad y variedad lo convierte en un destino que inevitablemente acaba repitiéndose.
Y aunque Yibuti comparta estas aguas, lo trataré aparte: lo que ocurre en el golfo de Tadjoura es otra página, otro lenguaje, otro tipo de encuentro.
Como verás más adelante, las extensiones de tierra tanto en Jordania como en Egipto también merecen su espacio. Porque el Mar Rojo no es solo donde buceas… también es cómo respiras cuando sales del agua.Introduce un texto aquí...

JORDANIA - AQABA
Aqaba es la única salida de Jordania al Mar Rojo. Una ciudad tranquila, amable y sin las pretensiones turísticas de los grandes núcleos egipcios. Aquí el ritmo es otro: más pausado, más sencillo y sin ese despliegue de barcos, centros de buceo y actividad constante que encontramos en Sharm o Hurghada.
Conviene decirlo sin rodeos: el buceo en Aqaba es claramente inferior al de Egipto. Más simple, menos variado, menos espectacular. Pero eso no lo convierte en un mal destino; simplemente es otra cosa.
Aqaba funciona muy bien si lo entiendes como lo que es: un lugar donde hacer unas inmersiones fáciles y tranquilas mientras el "viaje de verdad" sucede en tierra —Petra, Wadi Rum, Amman, el Mar Muerto. El mar suma, pero no lidera.
BUCEO EN AQABA
El buceo en Aqaba se hace principalmente desde barco, pero con una operativa muy sencilla. No hay grandes navegaciones ni madrugones eternos: los trayectos suelen ser cortos y cómodos, y en pocos minutos se llega a los distintos puntos de inmersión.
La visibilidad suele ser buena, el mar es amable y las temperaturas agradables. Pero el arrecife, comparado con Egipto, es más discreto: menos vida, menos densidad, menos color.
Es un buceo perfecto para quien quiere disfrutar sin estrés, sin corrientes fuertes, sin perfiles exigentes y sin complicaciones logísticas.
PUNTOS REPRESENTATIVOS
Aqaba no tiene paredes imponentes ni cañones profundos. Lo más conocido es:
· Jardines de coral : Zonas de coral duro y blando, poco profundos, tranquilos y con buena luz. Perfectos para inmersiones largas y relajadas.
· Arrecifes artificiales: tanques, aviones, barcos pequeños : Una de las curiosidades de Aqaba es la cantidad de pecios artificiales: tanques del ejército, aviones retirados o pequeñas embarcaciones hundidas deliberadamente para crear vida alrededor. No son grandes pecios, pero sí entretenidos y muy fotogénicos.
· Blue Hole de Aqaba: Nada que ver con el "hermano mayor" de Dahab. Aquí hablamos de una formación mucho más pequeña, accesible y segura, ideal para snorkel y buceadores principiantes.
La experiencia global de Aqaba tiene un encanto particular. La gente es amable, la ciudad es tranquila y el mar rara vez está revuelto. No hay agobios, ni masificaciones, ni prisas. Bucear es fácil. Y eso, para muchos, suma.
Aun así, si vienes de Sharm o Hurghada, o has buceado en zonas potentes del Mar Rojo, notarás enseguida la diferencia: Aqaba juega en otra liga, una más modesta y mucho más calmada.
Por eso Aqaba funciona tan bien como parte complementaria de un viaje a Jordania: un "extra bonito" entre desiertos, templos y montañas de piedra roja.
EGIPTO
EXTENSIONES DE TIERRA:
EL CAIRO
El Cairo es un choque frontal entre historia, ruido, polvo, caos y belleza absoluta. Una ciudad exagerada en todo, donde cada esquina parece tener más vida de la que puede soportar.
Para quien viene de una semana de silencio azul, la llegada a El Cairo es casi un despertador emocional: tráfico imposible, bocinas, calor… y, de repente, un museo que encierra miles de años, mezquitas inmensas y un río que lo ha visto todo.
El mercado de Khan el-Khalili es la definición perfecta del Cairo más auténtico. Un laberinto interminable donde el oro convive con las especias, los vendedores con los turistas, y donde cada metro cuadrado parece tener su propio ruido y su propia historia. Es un lugar caótico, intenso, agotador… y absolutamente inolvidable donde no es necesario comprar nada: solo pasearlo ya es una experiencia sensorial entera.
Ese caos también se vive
dentro del Museo Egipcio, probablemente el museo más caóticamente
auténtico del mundo. Pasillos abarrotados, vitrinas antiguas, piezas maestras
sin apenas contexto y la sensación constante de estar entrando en un almacén
arqueológico abierto al público.
Seguro que perderá parte de su encanto cuando todo se traslade al nuevo y
espectacular Museo de Giza, pero quienes hemos visto el antiguo sabemos que ese
desorden tenía alma propia.
Pero el motivo que eclipsa cualquier otro son ellas: las Pirámides de Giza. La primera vez que las ves de cerca, entiendes el concepto de "civilización antigua". No necesitan presentación, ni explicación, ni guía. Solo estar allí, a su escala real.
Muy cerca de la capital se extiende un conjunto extraordinario de yacimientos arqueológicos que permiten entender la evolución de las primeras dinastías egipcias. En Saqqara, la antigua necrópolis de Menfis, se alza la pirámide escalonada de Zoser, considerada la estructura monumental en piedra más antigua del mundo. No muy lejos, en Dahshur, aparecen dos de las pirámides más singulares del país: la pirámide Roja y la pirámide Romboidal, ambas clave para entender cómo se llegó a la forma piramidal "clásica".
En toda esta zona también pueden visitarse varias mastabas notables, con cámaras decoradas y relieves que conservan escenas de la vida cotidiana de hace más de cuatro milenios.
Y, como complemento perfecto, merece la pena acercarse al museo al aire libre de Menfis, la que fue la gran capital del Imperio Antiguo. Allí se conservan algunos hallazgos excepcionales, como el coloso de Ramsés II o la esfinge de alabastro, vestigios de una ciudad que en su época fue uno de los centros administrativos y religiosos más importantes de Egipto.
El Cairo funciona muy bien como extensión de 1 o 2 días después del buceo, sobre todo si se busca cerrar el viaje con un golpe de historia que te aterrice después de tantas horas bajo el agua.
LUXOR
Luxor no es una ciudad: es un museo al aire libre donde todo es demasiado grande, demasiado antiguo y demasiado inexplicable como para comprenderlo en una visita.
Aquí está la esencia clásica de Egipto. La ribera oriental del Nilo acoge templos que parecen diseñados para recordarte lo pequeños que somos; la ribera occidental es la ciudad de los muertos, donde la roca oculta nombres que aún hoy resuenan siglos después.
Luxor es uno de esos lugares que sientes más que visitas.
TEMPLO DE LUXOR
Situado en pleno centro de la ciudad, el Templo de Luxor es elegante, luminoso y perfectamente integrado en la vida diaria: taxis pasando delante de columnas milenarias, niños jugando junto a muros grabados hace miles de años.
Entrar en Luxor por la noche —iluminado de forma cálida y casi teatral— es uno de esos recuerdos que se quedan anclados sin esfuerzo.
TEMPLO DE KARNAK
Karnak es otra cosa. No se ve: te envuelve. La sala hipóstila, con sus colosales columnas, es uno de los lugares más impresionantes de todo Egipto. Si Luxor emociona, Karnak abruma. Es enorme, complejo, profundo… y a la vez increíblemente bello.
Recorrerlo después de una semana de buceo produce un contraste precioso: pasas del silencio azul a un gigante de piedra donde cada sombra parece tener una historia.
Luxor + Karnak son, sin duda, la extensión terrestre más potente si vienes del Mar Rojo.
ABU SIMBEL
Si hablamos de "lo monumental", Abu Simbel es probablemente la obra más impresionante de Egipto junto a las Pirámides. Dos templos excavados en la roca y trasladados piedra a piedra para salvarlos de las aguas del lago Nasser. Uno de los lugares más icónicos del país. Requiere vuelo interno o excursión organizada desde Asuán, por lo que no es la opción más cómoda desde la zona del Rojo, pero muchos viajeros la consideran inolvidable.
ALEJANDRÍA
Alejandría es la Egipto mediterránea: más suave, más húmeda, más europea en algunos tramos, sin perder su personalidad.
No queda nada del antiguo Faro ni de la Biblioteca original, pero la ciudad mantiene un aire nostálgico, casi romántico. El paseo marítimo, la nueva Biblioteca Alexandrina y las fortalezas costeras son visitas ligeras que funcionan bien en un viaje con días sueltos.
Alejandro Magno no dejó muchas piedras, pero sí dejó un ambiente distinto al resto del país.
Es una extensión más tranquila que las del valle del Nilo, perfecta si buscas un día de contraste sin grandes rutas arqueológicas.
SOLO ROJO
Si has decidido limitar tu viaje a Egipto únicamente al Mar Rojo, que sepas que es un destino singular, ya que, si bien hay bastante turismo de "tierra", las opciones de entretenimiento fuera de las vinculadas al mar son muy pocas… Además, si queremos ir para estar solo en "tierra" (hay mucha gente que lo hace), yo no recomiendo ir en los meses de julio o agosto ya que las temperaturas son muy elevadas.
En Sharm el Sheikh o Hurghada, la oferta hotelera y de restaurantes es muy extensa y variada, así como la oferta de ocio nocturno. Por ello, en los meses que no recomiendo encontrarás mucho ambiente por la noche después del día de buceo si se ha elegido la opción de buceo desde la costa. Los "daily boat", que llaman, permiten hacer 3 inmersiones y regresar a puerto alrededor de las 5 de la tarde. Un relajante baño en la piscina del hotel y una ducha previa a salir a cenar y tomar algo en los numerosos sitios serán un fin de día perfecto.
Excursiones al Parque Nacional de Ras Mohammed, al desierto o al Monasterio de Santa Catalina, complementan el ocio nocturno o de playa del destino.
La verdad es que la árida costa, salvo las poblaciones turísticas y algunos puertos que hay hasta llegar a la frontera con Sudán, está bastante despoblada.
Sharm el Sheikh o Hurghada aportan una "base terrestre" real: lugares desde los que organizar el buceo, descansar, tomar algo por la noche y preparar el día siguiente. Son puntos de salida, no el corazón del viaje.
Lo más bello del Mar Rojo está bajo sus aguas. Aquí el protagonista es el azul.
Bajo el agua, el Mar Rojo está lleno de magia. Encontramos todo tipo de buceo: jardines de coral, paredes que caen cientos de metros o pecios que permiten elegir entre inmersiones para todos los niveles.
Es un mar claro, cálido y lleno de vida; podemos encontrar desde un pequeño nudibranquio hasta un tiburón ballena de paso. El Rojo nunca defrauda: la misma inmersión puede ser diferente cada día. La corriente o los encuentros inesperados en el azul nos recuerdan que el arrecife está vivo.
SHARM EL SHEIKH
Sharm el Sheikh es, probablemente, el lugar donde más claramente se entiende que el Mar Rojo se vive desde el agua. La costa es desierto, roca y luz extrema, pero en cuanto miras hacia el mar aparece una rutina casi perfecta para el buceador.
Los puertos de Old Sharm y Sharks Bay funcionan como pequeñas bases logísticas, barcos preparados al amanecer, centros de buceo con décadas de experiencia y ese ambiente de puerto que mezcla viajeros, instructores y tripulaciones acostumbradas a salir temprano. Sharm no pretende enamorar por tierra, pero sí facilita algo importante: todo está a mano. Es un lugar práctico, cómodo, y al final eso también tiene su encanto.
Bajo el agua, Sharm tiene más de lo que parece. Sus "locales" —Ras Umm Sid, Temple, Tower, Far Garden, Middle Garden, Fiddle Garden…— son inmersiones que combinan accesibilidad y belleza sin exigir experiencia avanzada.
Es un área perfecta para "resetear sensaciones", volver a coger ritmo, disfrutar del arrecife sin prisa y recordar esa sensación de navegar despacio sobre un coral sano, luminoso y lleno de vida.
Encontramos zonas tapizadas de gorgonias enormes que se balancean suavemente con la corriente, como en Ras Umm Sid, por ejemplo, que para muchos simboliza el Sharm clásico. Plataformas de corales duros que parecen esculturas naturales, pasillos iluminados entre bloques gigantes en Temple, jardines que cambian de color según la luz del día, estaciones de limpieza donde los lábridos se acercan confiados a picotear parásitos como si conocieran a cada buceador que pasa o cardúmenes de anthias que generan un efecto "lluvia naranja" bajo el sol del mediodía como sucede en algunos puntos de Far Garden.
En la franja más abierta, los encuentros inesperados también existen: águilas de mar, mantas, bancos de carángidos, barracudas, tortugas verdes alimentándose tranquilamente en las laderas arenosas próximas a Tower y, en determinadas épocas, incluso la posibilidad remota de ver a un tiburón ballena cruzando el azul.
Y cuando cae la noche, Sharm se transforma: crinoideos desplegados, sepias cazando, peces león al acecho, crustáceos que parecen haber estado esperando el momento de salir y peces hipnotizados durmiendo en los huecos del coral.
Sharm no es espectacular por un único punto: lo es por su conjunto… por la facilidad de bucear, por la variedad de perfiles, por la luz, por los jardines y por esa mezcla entre sencillez y belleza que hace que siempre apetezca volver.
ESTRECHO DE TIRÁN
El Estrecho de Tirán es uno de esos lugares icónicos donde el Mar Rojo muestra su guía de especies.
En el golfo de Aqaba encontramos profundidades de hasta 2.000 metros. En el sur, donde se encuentra la isla de Tiran, el golfo se estrecha y es menos profundo, formando un cuello de botella. Con los cambios de mareas, una gran cantidad de agua fluye por este cuello de botella y causa las fuertes corrientes características del buceo en Tiran, que lejos de resultar incómodas, lo convierten en más atractivo.
Los causantes: cuatro arrecifes —Gordon, Thomas, Woodhouse y Jackson— que se encuentran formando una cordillera alineada en mitad del paso, como columnas naturales que rompen la corriente y crean paisajes submarinos únicos.
Gordon Reef
Gordon es el más amable de los cuatro, con plataformas llenas de coral duro donde no es extraño tener encuentros con tortugas y napoleones o esos remolinos de fusileros que parecen cambiar de dirección al unísono los días de corriente, un espectáculo hipnótico.
También podemos disfrutar de un singular arrecife artificial formado por numerosos barriles de petróleo que cayeron de algún barco hace mucho tiempo y que actualmente están colonizados por infinidad de invertebrados.
Como curiosidad encontramos los restos del naufragio del carguero panameño Loullia, construido en Suecia, que en septiembre de 1981 encalló en el extremo norte de Gordon Reef y desde entonces lleva aguantando estoicamente los embates del Mar Rojo sobre su costado de estribor.
He seguido su evolución a lo largo de los años y comprobado cómo el Rojo le hace suyo, signo claro de cómo el mar reclama todo lo que toca.
Woodhouse Reef
Woodhouse es más largo, más aéreo, con zonas de caída que dan una sensación de vuelo constante. Si las condiciones lo permiten, hacer el recorrido por la cara oeste acompañando a la corriente es inolvidable. Durante este tramo es posible ver tiburones puntas blancas patrullando lentamente en paralelo a la pared.
Thomas Reef
Thomas Reef es el más técnico: paredes vibrantes, colores intensos y un cañón profundo que se abre paso entre dos muros verticales y que invita a atravesarlo incumpliendo las normas de la zona.
Ese cañón, famoso pero restringido, es uno de los perfiles más reconocibles y fotografiados del norte del Rojo, "siempre" desde el exterior debido a la normativa que limita la profundidad a los buceadores recreativos.
Jackson Reef
Jackson Reef es el guardián del norte, famoso por su vida densa, su preciosa pared, sus corales intactos y la posibilidad —siempre incierta— de ver tiburones martillo en el azul. Si la visibilidad es buena, la experiencia, aunque profunda, puede ser inolvidable.
En algunos días de verano, los bancos de barracudas se ordenan formando espirales perfectas, una de las imágenes clásicas de este arrecife.
Tirán no es complejo de bucear, pero sí exige atención, ya que es habitual bucear con corriente —siempre a favor, eso sí—, sintiéndote un habitante más.
RAS MOHAMMED
El corazón vivo del norte del Mar Rojo.
Imperdible, el corazón del norte del Mar Rojo. Un área protegida donde las paredes se hunden a cientos de metros llenas de corales que parecen pintados uno a uno. Aquí el mar se siente abierto y, en ocasiones, muy vivo por la posibilidad de fuertes corrientes.
Shark & Yolanda Reef
Inmersión mítica conocida por sus impresionantes paredes que caen cientos de metros bajo tus aletas, sus jardines y plataformas llenos de corales blandos. Bancos de pargos de cola amarilla, peces murciélago, carángidos e incluso barracudas que convierten las miradas al azul en un espectáculo.
Se suele finalizar la inmersión, si la corriente así lo decide, en la postal surrealista que supone un arrecife artificial compuesto por un amplio catálogo de sanitarios —retretes, lavabos, bañeras…— procedentes del pecio del barco chipriota Yolanda, que en abril de 1981, cuando se dirigía a Aqaba y como consecuencia de una violenta tempestad, colisionó con el arrecife, hundiéndose a más de 200 metros y dejando en la plataforma varios contenedores con tan singular carga.
Cada inmersión en Ras Mohammed es diferente y la mayoría será inolvidable. Su buceo de pared, de arrecife, en el azul, las corrientes, los pelágicos, los bancos de peces, los corales, la diversidad de especies y la posibilidad de sorpresas en cada cambio de mirada entre pared y azul le dan a Ras Mohammed esa mezcla perfecta entre belleza y majestuosidad.
BROTHERS – DAEDALUS – ELPHINSTONE
El Mar Rojo más vertical, más azul y más salvaje.
Aquí empieza otro tipo de Mar Rojo. Nada que ver con Sharm ni con Tirán. En Brothers, Daedalus y Elphinstone el mar parece más serio: manda el azul profundo, las paredes cortadas limpias, sin distracciones. Tú, la pared y el azul infinito.
BROTHERS
Las islas Brothers son dos puntos perdidos en mitad del mar, señalizados por un faro construido por los británicos en 1883 y situado en la más grande de las dos islas, Big Brother, que sigue siendo una referencia vital para la navegación.
En Big Brother, además de la posibilidad de pelágicos y la belleza de las paredes —que comparte con la pequeña Brother—, podemos encontrar dos preciosos pecios: el Aida y el Numidia, con estructura aún reconocible, considerado uno de los pecios más verticalizados del mundo.
Tras décadas en la isla, ambos pecios están completamente poblados de corales blandos, convirtiéndose en parte del arrecife.
DAEDALUS
Daedalus es un altiplano en mitad del agua. Característico por la posibilidad de fuertes corrientes, pero sobre todo famoso por su fabuloso buceo en pared, por las opciones de ver grupos de tiburones martillo en el azul separándonos de la pared y por la posibilidad real de encuentros con tiburón oceánico de punta blanca.
El arrecife es enorme y la visibilidad suele ser excepcional.
ELPHINSTONE
Elphinstone, situado más cerca de tierra que los anteriores, mezcla paredes verticales, jardines y zonas donde podemos ver tiburones grises y oceánicos. Es un arrecife que impone por proporción y por silencio.
En su meseta norte podemos encontrar corriente intensa, azul puro y la sensación de estar "colgado" sobre el vacío.
Estas tres zonas no son para improvisar y requieren de una cierta experiencia debido a sus corrientes. Aquí el mar es protagonista y, cuando todo se alinea, ofrece algunas de las mejores sensaciones del Rojo.
SUR – ST. JOHN'S
El Mar Rojo en su versión más amable.
St. John's es luz. Es calma. Y es un tipo de belleza distinta: más horizontal, más cálida, más tranquila.
La mayoría de los puntos están formados por bloques coralinos enormes separados por pasillos laberínticos que parecen diseñados para perderse.
Aquí no hay paredes abismales ni corrientes impredecibles; hay laberintos, lagunas, cuevas amplias, jardines de coral que se extienden como alfombras y pasos donde la visibilidad parece infinita.
El sur del Mar Rojo es perfecto para bucear sin prisa, para dejarse llevar por pasillos iluminados y para disfrutar de la mezcla de corales duros y blandos que cubren casi todo el paisaje.
En algunos puntos como Umm Arouk, los pináculos se elevan como torres, creando un paisaje casi de ciencia ficción.
Es un área donde los delfines se dejan ver con más facilidad y donde las formaciones de coral parecen diseñadas para ser fotografiadas.
No es un destino "adrenalínico", pero sí uno de los más agradables de recorrer. Cada inmersión parece una excursión tranquila. St. John's tiene algo especial: es amable sin ser simple, es íntimo y espectacular sin gritarlo.
DAHAB
La pequeña población de Dahab, aunque también es turística como su vecina Naama Bay, podemos decir que no tiene nada que ver con ella. El ambiente resulta mucho más "hippy", la oferta hotelera es mucho menor, las construcciones son más pequeñas y, dentro de que hay ambiente, no encontramos la masificación de otras localizaciones turísticas de las costas de Egipto.
La localidad es tristemente famosa por un atentado perpetrado en 2006 en el que tres explosiones dejaron más de una veintena de muertos y más de 150 heridos. También, por desgracia, es conocida por la cantidad de buceadores que han perdido la vida en el "Blue Hole", una de las inmersiones más famosas —y polémica— del Mar Rojo.
En cualquier caso recordemos que en buceo deportivo el Blue Hole no se bucea, solo se atraviesa, y que los accidentes se han producido principalmente en buceo profundo y técnico.
Además de los turistas que buscan simplemente playa tranquila, snorkel o buceo deportivo, en Dahab conviven dos comunidades muy características: la de los practicantes de apnea y la de los buceadores técnicos. Para entrenar ambas disciplinas existen centros especializados que utilizan el Blue Hole para descensos de apnea o para inmersiones profundas.
Estando alojado en Sharm, la experiencia de Dahab bien vale una visita. Aunque la operativa resulte más laboriosa e incómoda, los clubes de buceo lo tienen perfectamente organizado. Después del buceo, una buena comida frente al mar en alguno de los restaurantes que pueblan la costa de Dahab y un paseo por las tiendas de la avenida marítima serán el final perfecto de la jornada… si te gusta regatear, claro.
En las ocasiones que he
tenido la suerte de bucear en Dahab —verano e invierno— siempre hemos repetido
las dos inmersiones más significativas:
Blue Hole y The Canyon.
Blue Hole
El Blue Hole es una enorme chimenea submarina adosada a la costa que comunica con el mar abierto a través de un arco situado a más de 50 metros de profundidad.
La visibilidad dentro del
agujero no suele ser buena, debido a la poca renovación de agua, y la vida es
prácticamente inexistente, por lo que, para el buceador deportivo, carece de
interés.
Sigue siendo el "morbo" de lo ocurrido allí lo que llama la atención a muchos
submarinistas.
Sin embargo, la inmersión previa al agujero sí resulta interesante. El acceso se hace desde la costa a través de un tubo que está abierto en la mayor parte de su recorrido y por el que descienden los buceadores uno a uno. En su final, alrededor de los 30 metros, se alcanza una preciosa pared que recorreremos dejándola a nuestra derecha.
La visibilidad es muy buena y puede haber vida de paso en el azul, además de infinidad de corales a lo largo de todo el recorrido. Destaca una gran formación de coral oreja de elefante que, solo por sí misma, hace que la inmersión merezca la pena.
La inmersión termina llegando al famoso agujero, donde podemos hacer la parada de seguridad rodeándolo o atravesándolo. Reconozco que, en las dos ocasiones que he hecho esta inmersión, no ha llamado excesivamente mi atención, pero sí resulta curioso ver entrenar a los apneístas o a los buceadores técnicos con toda su parafernalia casi de astronauta.
The Canyon
The Canyon es una inmersión imprescindible e inolvidable.
Se accede desde la playa, tras atravesar una pequeña laguna y recorrer un fondo arenoso salpicado de grupos de corales duros y poblado sobre todo de alevines, se llega a una cordillera que sobresale apenas dos metros del fondo: una fisura larga y profunda que avanza hacia el azul en forma de pasillo descendente, superando en su punto más bajo los 50 metros.
Aunque el descenso es relativamente sencillo por el espacio dentro del cañón, la sensación de profundidad no siempre es perceptible y puede ser peligrosa si no se tiene experiencia. Conviene estar muy atento.
El ascenso es igual de fascinante: los cambios de luz, sombras, colores y formas convierten la subida lenta en una experiencia casi artística.
Fuera del cañón, ya en aguas someras, y hasta finalizar la inmersión encontraremos alevines refugiados entre corales duros, peces limpiadores que si abrimos la boca pueden ejercer de circunstanciales dentistas, anémonas con payasos y la vida habitual del Mar Rojo en su versión más tranquila.
SUDÁN
El Mar Rojo remoto y sin adornos.
Sudán no es un destino de tierra. Las ciudades costeras, como Port Sudan, son más bien nodos logísticos, funcionales, con una autenticidad absoluta [donde la vida transcurre] sin concesiones al turismo.
Aquí todo es mar, logística y vastedad. "Austeridad" podría describirlo mejor: un lugar donde nada está pensado para el visitante, pero todo está al servicio del mar.
Sudán tiene un azul distinto: más claro, más profundo y más silencioso. La visibilidad en temporada alta puede superar los 50 metros reales.
Dentro de las numerosas inmersiones que se pueden realizar, aquí están las que más me gustaron:
Sanganeb
Sanganeb es un faro plantado en mitad del mar, rodeado de arrecifes verticales, donde en su meseta sur son habituales y famosos los encuentros con bancos de tiburones martillo o los bancos de barracudas, con una visibilidad que a veces parece irreal.
Sha'ab Rumi
Sha'ab Rumi es historia pura: Cousteau instaló allí en 1963 su Conshelf II, un proyecto experimental para demostrar que grupos de buceadores podían vivir de manera autosuficiente bajo el mar durante semanas.
Al norte del arrecife aún reposan restos metálicos del experimento, colonizados por coral y vida marina, convirtiendo la curiosa inmersión en un pequeño regreso a los documentales de Cousteau.
El arrecife sigue siendo un símbolo del buceo clásico: paredes espectaculares, grandes jardines de coral y la sensación de estar lejos de todo.
Umbría
El Umbría, un barco enorme, fue hundido por su propia tripulación en 1940 para evitar que cayera en manos británicas.
Es un pecio lleno de simbolismo histórico, con una carga impresionante y real: más de 300.000 bombas, Fiat 1100, detonadores, botellas de vino, sacos de cemento y objetos de una época que hoy parecen decorado, pero que fueron reales, peligrosos y cotidianos.
Estos tres puntos de imersión y un fantastico buceo con tiburones grises hacen inolvidable el destino.
Sudán ofrece un Mar Rojo más crudo, más natural, más auténtico.
Un destino donde el silencio tiene un peso distinto, donde el azul se siente grande y donde cada inmersión parece un privilegio aislado del resto del mundo.
