TigerBeach

si no quieres que se acerque... echa burbujas

si se sigue acercando... echa más burbujas

si quieres que desaparezca... cierra los ojos

En abril de 2005 disfruté de una de las experiencias más intensas que he vivido bajo el agua…Tiger Beach.

Da mucho de sí una semana de buceo en el M/V Shear Water, con Jim Abernethy, uno de los mayores expertos mundiales en tiburones, desde nadar con delfines o bucear entre los restos del pequeño pecio Sugar Wreck, hasta compartir agua y susurros con un buen número de tiburones grises de arrecife y con los enormes tiburones tigre, protagonistas sin duda de esta experiencia que solo acepta calificativos superiores a increíble.

El M/V Shear Water es un barco pequeño, si me apuras, muy pequeño, disponía de 4 camarotes: tres de ellos con dos literas cada uno y el cuarto, situado en la proa del barco tomando la forma de la quilla, con 6 literas. Además disponíamos de dos cuartos de baño comunitarios.

El barco de 19,80 m de eslora y 5,80 m de manga se acerca más al concepto que tenemos de un "barco de trabajo" que al de un "crucero vida a bordo tradicional"... Sobre todo, cuando navegas por la noche desde West Palm Beach hasta West End en Gran Bahama… no recuerdo moverse "nada" como se movió esa noche el barco.

Aunque tambien debo reconocer, que despues de respirar ese color de mar se olvida la travesía. Y si quedó algo en el recuerdo, el número y el tamaño de los tiburones consiguieron que olvidara el desorden y las dimensiones del Shear Water a la salida de la primera inmersión...

sugar  wreck

Aunque, obviamente, no era el motivo principal viaje tuve la oportunidad en dos ocasiones, de sumergirme entre los restos del famoso Sugar Wreck, un pecio situado a tan solo 6 metros de profundidad en el que la luz y la cantidad de vida que allí se congrega convierten a la inmersión en inolvidable.

El sobrenombre de Sugar Wreck le viene dado por el contenido de la carga de melaza que transportaba desde América central, vía la Habana, hasta el noreste de los Estados Unidos.

En su último viaje, fue sorprendido por un huracán que le arrastró hasta aguas poco profundas donde encalló y finalmente naufragó hace aproximadamente 100 años. Desde entonces los restos del barco los utilizan como refugio infinidad de peces e invertebrados.

Las dos inmersiones que hice en Sugar Wreck fueron al atardecer, como "relax" después de una jornada de buceo con tiburones y realmente merecieron la pena. La concentración de vida, el colorido, la diversidad y la luz son impresionantes. Ojalá en todos los viajes de buceo pudiéramos tener un "extra" como el Sugar para relajarnos al final del día.

delfines

Otra actividad fue el "encuentro" con delfines. El barco se limitaba a navegar por una zona "más ó menos" localizada en las tranquilas aguas del Little Bahama Bank confiando que algún Tursiops truncatus (delfín mular ó nariz de botella) o Stenella frontalis (delfín moteado del Atlántico), las dos especies más habituales en la zona, estuviera de "de humor".

Después de aproximadamente una hora de navegación aparecieron ocho o nueve ejemplares con lo que estuvimos jugando. El "juego" consistía básicamente en que los delfines llamaban nuestra atención realizando giros y divertidas acrobacias a nuestro alrededor durante unos segundos y cuando consideraban que estábamos "interesados" en ellos, se alejaban unos metros y una vez llegábamos a la posición donde se encontraban "esperándonos", volvían a repetir todo el ceremonial...

Resultó una actividad fascinante, pero eso sí... bastante agotadora.

tiburones grises

Aunque la motivación principal del viaje era el buceo sin jaula con el tiburón tigre, las inmersiones con los tiburones grises, resulto una experiencia inolvidable y llena de buenas dosis de adrenalina, por supuesto si te apasionan los tiburones.

Con el fin de lograr un mayor acercamiento a los animales y aunque no practica exactamente el polémico "feeding", el buceo con Jim Abernethy se realizaba con "comida" en el agua. Del barco colgaban unas cajas de material plástico con agujeros que estaban llenas de pescado. Así mismo bajaban dos o tres cajas que colocaban estratégicamente en varios puntos del arrecife donde se iba a realizar la inmersión, con el fin de que los tiburones permanezcan en la zona donde están los buceadores logrando acercamientos que de otra forma serían imposibles.

Sherwood Forest Reef, Jack's Jungle, Mini wall o El Dorado, básicamente iguales, fondos de arena atravesado por un arrecife a modo de cordillera de forma un tanto laberíntica fueron el escenario de los encuentros con estos Carcharhinus perezi, que, aunque no eran los tigres, debido a su número y tamaño, resultaron fantásticos generadores de adrenalina.

Ya en el agua, llegamos a contar más de 20 ejemplares, de los cuales muchos de ellos superaban los dos metros de longitud. Con esa talla, aun siendo tiburones grises, que no suelen ser agresivos, la adrenalina conseguía que los más de 60 minutos que

El destino, solo por estas inmersiones ya merece la pena. Por supuesto si te apasionan los tiburones, si no... Creo que el viaje no es muy recomendable.

tiger beach

La noche antes del buceo asistimos a un largo briefing en el que Jim nos explicó minuciosamente como iban a ser las inmersiones, como entrar y salir del agua, como comportarnos con los tiburones tigre, la disposición que tendríamos en el fondo y hasta los colores que no debíamos llevar en el traje ni en las aletas.

Llegados al icónico lugar, preparan las cajas de pescado y las cuelgan del barco por proa y popa. También vierten en el agua un mejunje apestoso compuesto por una mezcla de aceite de pescado con algún ingrediente secreto que abre el apetito a cualquier tiburón que se precie, encargado de avisar a los tiburones que ya estamos allí.

Las inmersiones difieren bastante de las que acostumbrábamos a realizar. Debíamos llevar guantes y capucha (ó pañuelo si tenías el pelo largo para no llevarlo suelto). No debíamos llevar nada en el equipo que fuera de color blanco ó amarillo (colores que pueden ser confundidos por los tiburones con comida). No debíamos tocar el cebo en el barco y en el agua era conveniente mantenerse a una "distancia prudencial" de las cajas de pescado. Cada buceador bajaba con un bastón de PVC de un metro aproximadamente de longitud y dos centímetros de diámetro para su protección cuya función era que, en caso de que el tiburón tigre se acercara "demasiado", debíamos colocar el bastón clavado en la arena entre el tigre y nosotros. Se esperaba que el tiburón al chocar con él cambiaria de trayectoria... ¿O no?...

La forma de actuar debajo del agua era la siguiente: El grupo de buceadores, una vez en el fondo, dibujaba una "V" imaginaria en la que el vértice, para nuestra seguridad, siempre estaba situado debajo de la popa del Shear Water. En él se colocaba Jim, el capitán o el divemaster, el resto de los buceadores, dejando aproximadamente 3 metros entre nosotros, para que pudieran pasar cómodamente los tiburones, formábamos los dos "palos" de la "V".

Debíamos incrementar el lastre con el que buceamos los días anteriores (el doble) con el fin de llegar al fondo en el menor tiempo posible sin movimientos bruscos de las extremidades y mantenernos en el fondo cómodamente.

Los momentos en los que había que prestar una especial atención eran cuando descendíamos o ascendíamos, ya que entre dos aguas o en superficie, nos encontrábamos en la zona de caza habitual del tigre.

Una vez en el fondo nos arrastrábamos hasta llegar a la posición que nos hubieran asignado.

Y una vez decidías que tu inmersión había finalizado, debías acercarte hasta el vértice de la "V" y avisar a la persona que estuviera en ese momento con la caja de pescado. Después de comprobar que no había tigres cerca, subir lo más rápidamente posible y vigilando alrededor hasta la superficie junto a la plataforma de popa donde algún miembro de la tripulación y los compañeros te ayudaban a subir al barco.

El tiempo de inmersión lo marcaba cada buceador, debido a la poca profundidad a la que nos encontrábamos lo lógico es que acabara la batería de la cámara digital antes que el aire de la botella o las ganas de seguir disfrutando. La duración de las inmersiones sobrepasa habitualmente la hora y media.

Debíamos vigilar a los tigres en todo momento, seguirles con la mirada, no perderles nunca de vista y avisar al compañero señalándole la dirección por donde se acercaba o donde estaba... Hasta que no estuviéramos seguros de que el compañero más cercano se había percatado de la presencia del tiburón no debíamos dejar de avisarle... Porque, aunque su tamaño era "muy" considerable y su forma de nadar, en un principio, fuera pausada, aparecían por cualquier sitio en el momento más inesperado

Los protagonistas de Tiger Beach eran el tiburón tigre y el tiburón limón al que se le perdía el respeto por completo cuando querías hacer una fotografía de un tigre que venía hacia ti y el tiburón limón estaba a tus pies "molestando"… un limón de 2 metros de longitud y los dientes que se ve en las imágenes… yo creo que eso era lo más peligroso de las inmersiones.

Durante los días que estuvimos la visibilidad fue de unos 25 metros, en ocasiones insuficientes para ver por donde aparecían los Big One que tenían siempre el mismo ritual de acercamiento al cebo, que al final era su objetivo… avanzaban hasta la mitad de la "V", se dirigían directamente al vértice, pero, antes de llegar daban la vuelta pasaban entre los buceadores y se alejaban lentamente de nuestro campo visual. Estudiaban el terreno, no tenían prisa por comer y nosotros tampoco porque lo hicieran. De repente desaparecían, aparecían por otro sitio y en lugar de uno eran tres. Llegamos a estar en el agua a la vista 13 buceadores y 7 tigres llegando a chocar alguna vez entre ellos…

Con el paso del tiempo la curiosidad de los señores de Tiger Beach aumentaba. Nos avisaron de que no lleváramos enganchada la cámara de fotos al chaleco porque, fruto de la curiosidad de nuestros amigos, en más de una ocasión, el tiburón había arrancado de las manos el equipo de fotografía al buceador y se lo había llevado entre sus dientes...

Una vez comprobado que no era "comestible" lo había dejado tirado unos metros más adelante y había seguido buscando comida, si en esa circunstancia el equipo hubiera estado enganchado al cuerpo del buceador, el tiburón habría arrastrado a los dos, equipo y fotógrafo sin ninguna dificultad y la experiencia podría haber resultado muy peligrosa.

El aumento de la curiosidad y la confianza se traducía en que pasaban entre los buceadores tranquilamente, te rodeaban y con la mirada fija en ti, se acercaban hasta en ocasiones golpearte o golpear lo que interpusieras entre ellos y tú, en mi caso la cámara se llevó un par de cariñosos golpes… un animal de esta envergadura y fuerza, imagino que, si te golpea "sin cariño", puede hacerte mucho daño...

Pero realmente los únicos que daban problemas al final del día eran los tiburones limón que estaban pesados, insoportables y muy nerviosos logrando en ocasiones hacernos perder la paciencia. Se metían por todos los sitios olisqueando el suelo en busca de los restos que salían de las cajas de pescado, realizaban giros muy violentos junto a los buceadores llegándonos a en alguna ocasión a golpear con la aleta caudal. 

Situados junto al cebo se lograban acercamientos espectaculares, era lógico. Una vez realizada la maniobra de aproximación, que podía ser más o menos larga, el tiburón se lanzaba hacia la caja del pescado y si tu estabas en su trayectoria, lo mejor es que te apartaras porque él, no tenía ninguna intención de hacerlo. Y si querias que desapareciera, solo podías... Cerrar lo ojos.

Las inmersiones en Tiger Beach son de las que no se dejan llevar por el paso del tiempo y quedan en tí para siempre.