Mi Mirada - Robusto, poderoso y cubierto de rayas como si el mar le hubiera dejado cicatrices. Así es el tiburón tigre, Galeocerdo cuvier, uno de los grandes depredadores del océano, presente en aguas tropicales y subtropicales de todo el mundo. Tiene un apetito insaciable, una mordida brutal y una peligrosa curiosidad. Pero también un magnetismo que atrapa.
Porque una cosa es ver un tiburón… y otra es que te roce un animal de casi cinco metros que pesa lo mismo que un coche pequeño.
Siempre que alguien me pregunta por el tigre, cuento lo mismo: es el tiburón que en la película de Spielberg (Jaws) atrapan por error al principio, y que al abrir su estómago encuentran una matrícula y una lata de aceite. Ese "detalle" lo define bastante bien. No analiza demasiado antes de morder. Primero prueba. Luego decide.
Su mordida es capaz
de partir el caparazón de una tortuga. Si le sumas ese "sistema de prueba y
error" y su corpulencia, no queda duda: es una especie que impone, y que exige
respeto. Ser prudente con un tigre no es tener miedo. Es tener sentido común.
Sé que otros
tiburones, como el blanco, hacen un cálculo energético antes de atacar. Pero el
tigre… no. No razona igual. Y por eso, por esa combinación de brutalidad y
belleza, de imprevisibilidad y poder, me parece tan hipnótico.
Estar en el agua
con uno de ellos es aceptar que tú, por muy protagonista que creas ser, no eres
más que un actor secundario.
Revelación - Lleva rayas como si
el mar le hubiera dejado cicatrices.
Desde el azul - No sabes si huir o
quedarte a mirarlo, pero si quieres que desaparezca… cierra los ojos.
si quieres que desaparezca, cierra los ojos
tan grande, tan bello, tan cerca