
Sudán
El Mar Rojo remoto y sin adornos
Sudán no es un destino de tierra. Las ciudades costeras, como Port Sudan, son más bien nodos logísticos, funcionales, con una autenticidad absoluta (donde la vida transcurre) sin concesiones al turismo.
Aquí todo es mar, logística y vastedad. "Austeridad" podría describirlo mejor: un lugar donde nada está pensado para el visitante, pero todo está al servicio del mar.
Sudán tiene un azul distinto: más claro, más profundo y más silencioso. La visibilidad en temporada alta puede superar los 50 metros reales.
Dentro de las numerosas inmersiones que se pueden realizar, aquí están las que más me gustaron:

Sanganeb
Sanganeb es un faro plantado en mitad del mar, rodeado de arrecifes verticales, donde en su meseta sur son habituales y famosos los encuentros con bancos de tiburones martillo o los bancos de barracudas, con una visibilidad que a veces parece irreal.

Sha'ab Rumi
Sha'ab Rumi es historia pura: Cousteau instaló allí en 1963 su Conshelf II, un proyecto experimental para demostrar que grupos de buceadores podían vivir de manera autosuficiente bajo el mar durante semanas.
Al norte del arrecife aún reposan restos metálicos del experimento, colonizados por coral y vida marina, convirtiendo la curiosa inmersión en un pequeño regreso a los documentales de Cousteau.
El arrecife sigue siendo un símbolo del buceo clásico: paredes espectaculares, grandes jardines de coral y la sensación de estar lejos de todo.
Umbría
El Umbría, un barco enorme, fue hundido por su propia tripulación en 1940 para evitar que cayera en manos británicas.
Es un pecio lleno de simbolismo histórico, con una carga impresionante y real: más de 300.000 bombas, Fiat 1100, detonadores, botellas de vino, sacos de cemento y objetos de una época que hoy parecen decorado, pero que fueron reales, peligrosos y cotidianos.
Estos tres puntos de imersión y un fantastico buceo con tiburones grises hacen inolvidable el destino.
Sudán ofrece un Mar Rojo más crudo, más natural, más auténtico.
Un destino donde el silencio tiene un peso distinto, donde el azul se siente grande y donde cada inmersión parece un privilegio aislado del resto del mundo.
