No fue hasta septiembre de 2012, en Daedalus, cuando pude tachar de mi lista una de las asignaturas pendientes con los escualos. Y la espera mereció la pena: una sola inmersión, pero inolvidable y con sobredosis de adrenalina. Uno de los longimanus llevaba colgando de la boca un sedal de más de 15 metros, no se cómo logró engancharse en una de mis aletas. Nos comprometió. Literalmente.
Ese mismo año se
habían producido un par de incidentes con bañistas —atribuibles a esta
especie—, y se inició una campaña de captura que tuvo efectos colaterales:
algunos tiburones lograban liberarse parcialmente, rompiendo el sedal pero
manteniendo el anzuelo incrustado y varios metros sueltos, lo que aumentaba el
peligro tanto para ellos como para otros seres vivos.
Esta especie me
parece fascinante, pero requiere una atención especial en cada inmersión. Su
curiosidad y su falta de miedo pueden llevarle a aproximaciones muy directas.
No es raro que te golpee suavemente con el morro para "ver qué eres". Y, aunque
uno sea apasionado de los tiburones… a nadie le gusta saciar la curiosidad
ajena a cabezazos.
Revelación - Nómada, confiado,
curioso. Caballero del azul profundo al que nunca debes dar la
espalda.
Desde el azul - Hay tiburones que
se cruzan contigo. Él te acompaña.