Hubo un tiempo en que para ver el mar había que sumergirse
Cuando la fotografía submarina era analógica, las
posibilidades de originalidad en la imagen estaban en las manos de la calidad
del fotógrafo y del margen que permitiera el revelado. Cuando llegó la fotografía digital a la imagen submarina,
con la posibilidad de hacer más de 27 fotos en una inmersión, ver el resultado
en el momento y editar fuera del agua con programas como Photoshop, fue una
auténtica revolución que dio un vuelco a la fotografía submarina.
Tuvieron que redactarse reglas para los concursos físicos
o virtuales de fotosub, ya que la posibilidad de retoque que permitía un
fichero digital desvirtuaba la filosofía de los mismos.
Actualmente, la posibilidad de tomar las imágenes en RAW
y "revelarlas" luego en el ordenador con programas tipo Lightroom o retocarlas
con programas de edición de imagen como Photoshop ha quedado obsoleta…
Podemos decir que ha comenzado una nueva era.
Al igual que desde hace más de dos mil años utilizamos el
acrónimo a.C. (antes de Cristo) para marcar el inicio de una era, estoy
convencido de que ha nacido otro acrónimo que marca el fin de una época y el
inicio de otra: aIA (antes de la Inteligencia Artificial).
Dicen que ya nada será igual, la imagen tampoco. Ya no
hace falta ni meterte en el agua: cambiamos las aletas por los prompts,
y solo con pedir la imagen que queremos —y cómo, y haciendo qué, y cambiándole
los colores y…— la IA nos la entrega sin riesgo de accidente hiperbárico.
Siempre digo que no soy fotógrafo submarino; nunca he
trabajado en RAW, pero reconozco que sí he ajustado muchas fotos con el margen
que te deja el JPG. Ajustar el contraste, algún exceso de color verde o azul,
eliminar algunas partículas, algún reencuadre… insisto: con el margen que
permite el JPG, que si la imagen está sobreexpuesta, por ejemplo, es mínimo.
También —y ahora es cuando entramos en la cápsula aIA —,
debido a mi pasión por el diseño, inicié un proyecto que, como muchos otros, no
llegué a finalizar y que consistía en un libro que pretendía dar una visión del
mundo submarino reinterpretada a través del arte moderno. Pretendía unir imagen
submarina, arte moderno y un poquito de literatura…
Y aunque la edición la hacía con varios programas y
llevaba bastante trabajo, y el resultado final en ocasiones difería mucho del
original, nunca perdió para mí la magia que tenía traerme del fondo ese momento
tan especial que había vivido.
Ahora con la IA el trabajo es mínimo: te ahorras el
viaje, el conocer ciudades o países nuevos o gente tan loca como tú, que ha
recorrido miles de kilómetros para ver un nudibranquio o un tiburón concreto y
diferente. Si además estás en un "vida a bordo", te ahorras una navegación con
unas fantásticas vistas y esa paz que, al menos a mí, me produce levantarme y,
con una taza de café o té, ver cómo al amanecer marca la línea que separará
todo el día el cielo del mar…
Quizá ha quedado un tanto melancólico, pero eso también
te lo ahorras.
No pretendo hacer una crítica gratuita a la IA. Reconozco
que supone y supondrá una revolución en muchos campos, y que lo realizado
"antes de ahora" será denominado "realizado aIA", como las imágenes que
aparecen en esta cápsula.
Y aunque la IA puede crear belleza sin mojarse, yo sigo
prefiriendo el clic torpe bajo el agua, la foto movida y el recuerdo empapado.