
Djibouti
He dejado a Yibuti (o Djibouti en francés) como un Rumbo independiente del Mar Rojo por lo singular del mismo en cuanto a la presencia en la zona de uno de los animales marinos más impresionantes que nos podemos encontrar en nuestros océanos; el tiburón ballena... En nuestro invierno, resultan habituales los encuentros con estos enormes animales en las aguas del golfo de Tadjoura.
Tuve la oportunidad de visitar este destino en diciembre de 2006. Decir que de Djibouti que es bastante pequeño, solo 23.000 km2 de superficie, se encuentra situada al sur del Mar Rojo, en el "cuerno de África", entre Eritrea, Etiopia y Somalia. La población, que no llega al medio millón de habitantes, se concentra en la capital y puerto principal del país que recibe también el nombre de Yibuti. Alcanzó la independencia de Francia en 1977, fue el último país africano en ser descolonizado.
El viaje lo hice en el barco Djibouti Divers I que se completaría con dos días libres para poder realizar visitas en el pequeño país. El crucero tenía un primer grupo español de 14 personas y otro de 5 que eran franceses.
grupo inicial organizado por Ultima Frontera, lo formábamos 14 personas, en el aeropuerto de Paris coincidimos con otros dos buceadores españoles que habían contratado el viaje por su cuenta y que a la postre formaron parte de nuestro grupo; "el sector español". El crucero lo completaban 5 buceadores/as franceses/as, dos divemasters (una francesa y otra inglesa) y la tripulación compuesta por 6 personas entre egipcios y yibutianos.
El barco, aunque sinceramente estaba más usado de lo que se veía en las fotografías de su página web, resultaba lo suficientemente cómodo para el número de buceadores que lo ocupábamos. Durante toda la semana estuvo razonablemente limpio, la comida fue abundante y variada y tanto el aire acondicionado como los cuartos de baño, individuales en cada camarote, que suelen dar problemas ocasionalmente en los cruceros, funcionaron sin problemas.
El Djibuti Divers I disponía de cuatro niveles:
En el inferior, al que se accedía a través del salón, se encontraban la mayoría de los camarotes. Estos podían ser con dos camas situadas en paralelo o colocadas a distinta altura a modo de litera. Eran suficientemente amplios y disponíamos de cuarto de baño y aparato de aire acondicionado individual en el interior.
En la "planta de calle" se encontraba la cocina, el comedor, una zona de salón (con TV, dvd, equipo de música y ordenador), y todo el espacio dedicado al buceo. El comedor disponía de dos amplias mesas que si las hubiéramos ocupado de una forma racional habrían resultado muy cómodas pero como, debido al buen ambiente reinante en el grupo, todos los españoles queríamos comer juntos, los franceses tuvieron toda una mesa para solo 5 personas mientras que nuestro grupo estuvo bastante más apretado, eso sí, a cambio de tener un ambiente envidiable en todas las comidas que se realizaron en el barco.
La zona de buceo, aunque bien diseñada en cuanto a distribución, quizá resultaba un poco ajustada para la cantidad de buzos que éramos, pero como insisto que el ambiente en el grupo era tan bueno, no creo que nadie se diera cuenta de este detalle. Este nivel acababa en la plataforma desde donde nos tirábamos al agua o bajábamos a las barcas de fibra rígidas utilizadas para los desplazamientos hasta los puntos de inmersión y que la tripulación familiarmente llamaba "falucas".
En el primer nivel, además de los cuatro últimos camarotes, se encontraba la "zona de relax" donde, alrededor de dos mesas, se situaban unos acogedores sillones para poder tomar algo, leer o descansar. En este nivel disponíamos de una máquina de agua fría y caliente para poder hacer te o café a cualquier hora del día y una nevera en la que no faltaron bebidas, sin alcohol, durante todo el viaje.
Como colofón de la zona de relax disponíamos de un jacuzzi y de unas zonas habilitadas con colchonetas para tomar el sol o simplemente echar una reparadora siesta.
En el segundo y último nivel, conocido por el shisha bar se encontraba el solarium, un puesto de mando y una zona donde se podía fumar "pipas de agua" después de las "agotadoras" jornadas de buceo.
Aunque la razón de viajar a tan singular, pequeño y desconocido país era hacer snorkel con tiburones ballena, la organización del crucero tenía programadas para cada días 3 inmersiones con botellas en los arrecifes de la zona y si bien las inmersiones no fueron nada espectaculares, como era de esperar con un grupo de "buceadores compulsivos" como los que allí nos habíamos reunido, se aprovecharon absolutamente todas.
La dinámica del día variaba en función de la zona del golfo de Tadjoura donde nos encontráramos y se fueron intercalando las inmersiones previstas con botellas con el "intento de avistamiento" y posterior snorkel con los tiburones ballena.
Buceo en el golfo de Tadjoura
El buceo en las aguas de Djibouti, al menos en el golfo de Tadjoura y en las fechas en las que estuve, no tiene nada de espectacular, los arrecifes son bastante pobres y resultan un tanto decepcionantes, más aún si como todos los integrantes del grupo ya has buceado en otros destinos del Indico y Mar Rojo.
Aun así y aunque la cantidad de vida no resultara excesiva, la diversidad de especies que encontramos fue abundante y descubrí algunas que no había visto en otras latitudes, ya que las aguas de Yibuti tienen la peculiaridad de "hacer de puente" entre el Mar Rojo y el Océano Indico con la consiguiente combinación de especies en la zona.
Hicimos un total de 14 inmersiones, cuatro de ellas nocturnas. En general puedo decir que es un buceo sin muchas complicaciones, no demasiado profundo y sin corrientes. Podemos destacar el pecio "Le Faon", un carguero de 90 m. de eslora y 12 de manga que descansa de costado sobre un fondo de arena a 27 m. de profundidad. La visibilidad no superaba los 10 m. pero gracias a las enormes proporciones del barco y la vida que hay en torno a él la inmersión se hace bastante entretenida.
Otra inmersión singular es la denominada "La Falle", se bucea en parte de la falla que cruza África del Este desde el Mar Rojo hasta el lago Victoria. En la zona más profunda de la inmersión la grieta sobrepasa los 40 metros y a lo largo de la misma hay pequeños túneles que son accesibles. No destaca por la cantidad de vida que podemos encontrar pero el "paisaje" sinceramente merece la pena.
En "Le Dome" encontramos abundante vida. El fondo es una ligera pendiente con muchas rocas sueltas de pequeño tamaño que comienza entorno a los 15 m. y llega hasta los 35 m. Además de ver, durante un par de minutos, un tiburón ballena nada más comenzar la inmersión, pudimos encontrar también tiburón punta de aleta blanca, tiburón guitarra, varias rayas y enormes morenas. En cuanto al resto de las inmersiones, poco más que destacar.
En todas las nocturnas, aunque menos interesantes que en otros destinos tropicales que he visitado, encontré algún invertebrado singular pero, en general, la cantidad de vida resultó bastante menos de la esperada.
En definitiva, únicamente como destino de buceo con botellas yo no lo recomiendo, eso sí resulta un buen complemento a la actividad estrella... Los tiburones ballena.
Bailando con tiburones ballena
En el golfo de Tadjoura, entre los meses de octubre y febrero se puede observar una inusual concentración de tiburones ballena jóvenes, que en su larga migración por el Océano Índico utilizan estas tranquilas aguas para descansar y alimentarse. Como parece lógico, ésta era la razón para viajar hasta Yibuti, bajo mi criterio, ni su arrecife, ni sus posibles extensiones terrestres merecen hacer un viaje tan largo.
Antes de comenzar con la ansiada búsqueda de los tiburones, Laura, nuestra divemaster inglesa, nos informó de las normas a seguir haciendo snorkel con los ballena, que, básicamente se podían resumir en: Mantener una distancia mínima de tres metros a los costados y de cuatro a la cola, no colocarse delante, no tocarlo, no hacer fotos con flash... en definitiva, no molestar ni estresar al animal y no interponerse en su trayectoria.
Finalizado el briefing el grupo se dividió en las dos "falucas" y comenzó la búsqueda... La zona y la época del año invitaban a un rápido encuentro con los ballenas, pero parece que ese día la suerte no estaba con nosotros. Después de casi dos horas de recorrer la costa la divemaster ordenó al tripulante detener la embarcación y muy educadamente nos explicó que "como el sol se había ocultado y el mar estaba algo rizado, no era buen momento para encontrarlos y que lo mejor era regresar al barco para intentarlo de nuevo por la tarde..."
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